Los desafíos sociales, casi siempre se convierten en un detonador de acciones, que buscan responder y dar La humanidad esta viviendo a pasos agigantados el envejecimiento de la población, situación que sin lugar a duda desafía a los gobiernos y a la sociedad, con el agravante de que no estamos preparados para hacer frente de manera adecuada a esta situación. Es evidente para todos que la vejez trae consigo cambios físicos, sociales y familiares, que, de no ser atendidos de forma pertinente, no se valorará la longevidad como un triunfo del avance tecnológico y científico, sino como una problemática a resolver.
El poco conocimiento gerontológico y la continua búsqueda de la eterna juventud ha ido construyendo una sociedad gerontofóbica, que rechaza la vejez y por ende al Adulto Mayor, lo que genera aislamiento, soledad y en muchos casos violencia.

La persona adulta mayor debe enfrentarse a cambios físicos y sociales, entre muchos otros, los físicos que normalmente se traducen en enfermedad o en asumir que su cuerpo es más lento para realizar cualquier actividad o proceso metabólico y los sociales que hacen referencia a los procesos de jubilación, el romper con redes laborales y no contar con las condiciones para mantener las amistades que en otro momento se tenían. A nivel familiar puede llegar la viudez, lo cual implica asumir el duelo que comienza a ser parte activa en la mayoría de los Adultos Mayores y el cambio de roles, puesto que ya no se posee la autoridad que se tenía antes, no se es tenido en cuanta de la misma manera y en muchos momentos no se es escuchado.
Lo anterior trae consigo la soledad, la cual se convierte en el compañero constante de los Adultos Mayores y puede llegar a generar depresión, enfermedad y en algunos casos suicidio. La soledad es definida como una ‘insatisfacción con la frecuencia y la intimidad de los contactos sociales o la discrepancia entre las relaciones que tienen y las que les gustaría tener”. (Scarimbolo, Graciela. 2016)
Según investigaciones, la soledad acorta la esperanza de vida, cuando un adulto mayor no tiene con quien hablar, no se siente escuchado, mirado, amado, en últimas cuando no siente que su vida es importante para alguien, su existencia deja de cobrar sentido. Diversos estudios han concluido que la soledad es un factor de riesgo de mortalidad equiparable a una enfermedad. La Universidad de Chicago evidenció que la soledad aumenta la hormona del estrés, es decir el cortisol y que éste a su vez, está relacionado con enfermedades cardiovasculares, como hipertensión y riesgo de infarto. (Scarimbolo, Graciela. 2016)
Al realizar un diagnóstico de la situación de los Adultos Mayores de la comunidad del Cedral, identificamos como Fundación, que si bien es cierto tienen muchas carencias materiales, la soledad es una de las situaciones que más los aquejan, algunos viven solos y otros a pesar de vivir con su familia no son tenidos en cuenta, nadie les habla, ni son valorados y ni respetados. Es por esto que desde la Fundación Envejeciendo con Dignidad, establecimos dos estrategias de intervención para mitigar los efectos de la soledad: visitas domiciliarias y “encuentros para celebrar la vida”.
Las visitas domiciliarias las realizamos de manera permanente, privilegiando a los Adultos Mayores que se encuentran enfermos o están pasando por una situación de dificultad; es un espacio privilegiado para escucharlos, compartir historias, conocimientos y para que se puedan desahogar de sus angustias y preocupaciones, esto nos permite fortalecer la confianza entre la persona mayor y la Fundación, además de conocer de primera mano las necesidades que tiene el Adulto Mayor y buscar alternativas para solventarlas.
Los “Encuentros para celebrar la vida” son espacios festivos que realizamos de manera quincenal, donde se realiza actividad física, formación, baile y juegos, esto con el finde fortalecer las redes de apoyo sociales de los Adultos Mayores, generar espacios donde se puedan encontrar, conversar de temas comunes, saludar a sus amigos y familiares que, por su aislamiento o discapacidad, no se encuentran en la cotidianidad de sus vidas. Hemos comprobado que estos espacios están llevan felicidad a los Adultos Mayores.
La soledad en la vejez es un gran problema, pero con acciones sencilla y constantes se puede devolver el sentido de valía a los Adultos Mayores y hacer posible que sientan que hay una Institución que piensa en ellos, los abraza, los mira, los visibiliza y los prioriza en la comunidad. Esa es una de nuestras labores principales como FUNDACIÓN.
REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA
Scarimbolo, Graciela (2016). La soledad de los Adultos Mayores ¿un problema mayor? VIII Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XXIII Jornadas de Investigación XII Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología – Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.




